Pocos eventos se graban con tanta fuerza en la memoria de las personas y se convierten en efemérides. Uno recuerda con exactitud dónde estaba y con quién cuando cayeron eventos históricos como la caída del muro de Berlín, cuando el hombre llegó a la Luna, o después de haber vivido una final de Copa del Mundo.
El fútbol es lo más importante de lo menos importante, y la forma más sencilla de demostrarlo es mediante el impacto que genera. Por el fútbol salieron un millón de personas en México a celebrar, y millones más en todos los países. Se espera que el evento supere los 5,000 millones de espectadores que tuvo el Mundial de Catar 2022. Sociólogos y psicólogos aseguran que este deporte genera un sentido de identidad en las naciones.
El deporte siempre ha tenido ese nivel de trascendencia. Desde la antigua Grecia, cuando un campeón olímpico recibía pensión vitalicia y honores públicos, porque su victoria demostraba la excelencia de toda la ciudad y otorgaba prestigio en todo el mundo helénico.
España no solo ganó la final: la monopolizó. Remató 20 veces, 12 entre los tres palos, mientras que Argentina terminó los 90 minutos sin un solo disparo y sin generar un solo gol esperado, una anomalía inéditas en una final. La belleza del juego argentino, al remontar heroicamente en sus partidos previos gracias al demócr juego de Messi, estuvo por completo ausente.
Antes de esta selección campeona, el mandar muchos pases se consideraba arriesgar, y el fútbol había entrado en una dinámica de potencia atlética y esfuerzos físicos casi violentos, pero España ganó con sutileza, a través del control del juego y de una creatividad que hace ver todo como sencillo, pero que nadie es capaz de emular. Como recuerda Pep Guardiola, el pase nunca morirá.
España llegó a la final con 38 partidos sin derrota. Posee un estilo que de nuevo hará época, como aquel de la generación de 2010 de la cual abreva. Con un Rodri que es el nuevo Busquets, un Yamal que adquiere los tamaños de Xabi y un Cubarsí que a su corta edad se monta en los tacos de Ramos.
El gol de Ferrán, tirando de botepronto, se quedará en la memoria colectiva como aquel mítico de Iniesta o el testarazo de Pujol en Sudáfrica. Esos goles los viví en 2010 con mi padre, cuando gracias al fútbol me acerqué de una manera especial a él, que llegó setentaytantos años atrás a México con lo puesto, a hacerse una vida. Quien conoció el trabajo infantil para llevar algo de pan a su casa y a quien nunca he visto quejarse de nada. Pero en aquel Mundial vi su rostro de alegría cuando ganó el equipo de su país natal. Ahora he vivido este torneo con mi hija y sé que ella lo va a rememorar. La abracé mil veces en la Plaza de la Cibeles, en una verbena llena de familias, de cantos y castañuelas.
La vida da vueltas y nos regresa a donde partimos, y esa es otra de las cosas que debemos agradecer al fútbol. Este mundial nos trajo un seleccionado de México que nos dejó orgullosos a los mexicanos. Nos heredó estampas como el heroico equipo de Cabo Verde y su portero Vozinha. El recuerdo de ese momento en que un Messi de 20 años bañó a un Lamin Yamal de seis meses, en una campaña de UNICEF en favor de la infancia y de la masculinidad sana, y que fue el presagio de lo que vendría 19 años después.
Un Mundial que nos dejó indeleble la imagen de ese niño soñador de 17 años, el más joven de todos, un Morita que tiene madera de crack y todo un futuro por delante. Que nos hizo conocer las facetas humanas de un Erling Haaland que antes del evento adquirió una rara edición de 1594 de las Sagas de los Reyes de Noruega, un texto fundamental de la identidad histórica de su país, para que no cayera en manos privadas, y lo donó a la biblioteca de su pueblo.
El Mundial más grande de la historia dejará recuerdos que cada quién atesorará, a pesar de las controvérsias. Más allá de todo eso, el fútbol siempre nos vuelve a reunir y a consolar, aunque sea momentáneamente.
Por eso nunca olvidaré este torneo ni con quienes lo compartí, todo esto mientras vuelven los ataques en el Golfo Pérsico y mientras hay intentos de desmantelar la democracia en diversas partes del mundo. Siempre tendremos que volver a todos estos temas, pues no podemos mirar hacia otro lado, pero durante un mes el fútbol nos regaló algo que tanto necesitan nuestras sociedades polarizadas: los tan necesarios momentos de unión y de alegría.